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En 2015 el mundo se comprometió a alcanzar las Metas de Desarrollo Sostenible (MDS) y el Marco para la Acción (MPA) en Educación 2030 en los próximos 15 años. Respecto a la educación, éste incluía la promesa de «garantizar una educación inclusiva e igualitaria, de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje de por vida para todos y todas» independientemente del contexto personal, social o político.

Esta agenda de desarrollo global es más ambiciosa y de un al alcance más amplio que nada de lo que se ha hecho anteriormente. Mientras el mundo avanza hacia la implementación de las metas, es fundamental que se tengan en cuenta las lecciones aprendidas a lo largo de los últimos 15 años; y la mayor lección es que las buenas intenciones y los compromisos políticos sólo pueden hacerse realidad cuando existe una financiación suficiente y de buena calidad. Aunque el dinero por sí solo no garantiza el éxito, sigue siendo fundamental para formar y contratar profesores cualificados, para garantizar el suministro de suficientes materiales de docencia y aprendizaje y para generar espacios seguros y adecuados de aprendizaje.

¿Cuánto dinero se necesita?


Alcanzar la educación universal preescolar, primaria y secundaria, de buena calidad, en países de ingresos bajos y medios-bajos, requiere un total de 340.000 millones de dólares al año. Esto requerirá que los países de bajos ingresos dediquen el 6,56% del PNB a la educación, lo que aún dejará una carencia de financiación de 39.000 millones de dólares. Los países donantes y la comunidad internacional deben jugar su papel y deben generarse recursos locales adicionales; por ejemplo, logrando que las empresas paguen su proporción justa de impuestos.


Sin embargo, ninguno de estos cálculos incluye el espectro completo del aprendizaje de por vida, que los líderes mundiales se han comprometido a garantizar. En 2009 el gasto en programas de alfabetización adulta fue de menos del 1% del PIB en prácticamente todos los países y mucho menos en algunos países en desarrollo. La UNESCO estimó que se necesitaban 28.000 millones de dólares para financiar la carencia anual en el gasto recomendado en programas de educación adulta en los países en desarrollo. El coste de acabar con el analfabetismo se estimó en 156.000 millones de dólares al año; teniendo en cuenta que hay 757 millones de jóvenes y adultos incapaces de leer o escribir una sencilla frase, lo que cuesta al mundo alrededor de 1 billón de dólares al año, éste es un asunto que no puede ser ignorado.

¿Qué compromisos financieros se han hecho hasta ahora?

Resulta decepcionante que sean pocos los compromisos concretos realizados para financiar esta nueva agenda. La Conferencia de Financiación para el Desarrollo de julio del pasado año, que supuestamente iba a establecer el modo en que se iban a pagar las MDS, reconoció la necesidad de aumentar la financiación tanto de donantes como de origen local, para la educación. Sin embargo, ignoró cualquier referencia a la educación adulta o el aprendizaje de por vida, componentes clave de la meta educativa. Del mismo modo, el Marco para la Acción reconoce que las metas no se pueden alcanzar sin aumentar la financiación y que los gobiernos deben invertir al menos el 4 o 6% del PIB y entre el 15 y el 20% de sus presupuestos en educación.También subraya que los recursos deberán movilizarse a nivel nacional, regional y mundial, para garantizar «la adecuada financiación de la educación».

Para la mayoría de países, esto implica avanzar hacia una mayor justicia tributaria, desarrollando sistemas tributarios progresivos, cerrando agujeros fiscales y acabando con la evasión fiscal, por ejemplo. Ciertamente, cada año los países en desarrollo pierden 160.000 millones de dólares en ingresos fiscales de corporaciones multinacionales, bastante más de lo que reciben en ayudas.

Contexto global

Por supuesto, hay en juego asuntos globales que influyen en la nueva agenda de financiación. El conflicto en Siria es la mayor crisis humanitaria del mundo y los países donantes han estado dedicando grandes cantidades de ayuda a apoyar la labor humanitaria. Sin embargo, más recientemente, algunos países donantes han señalado que dedicarán parte de su presupuesto de ayuda extranjera a afrontar los costes de la acogida de refugiados en su territorio. Esto significa que llegará menos dinero a los países directamente afectados por la crisis y, en consecuencia, menos ayuda a la educación en la región.

Lamentablemente, esto sucede en un momento en que la ayuda a la educación en general, está en declive. Prácticamente todos los países que históricamente han apoyado o dado prioridad a la educación (Australia, Países Bajos, Reino Unido, Noruega y Dinamarca), han realizado preocupantes anuncios sobre recortes a la ayuda en los últimos cinco años; de hecho, algunos recortes se anunciaron casi inmediatamente después de que las MDS y el FFA se adoptaran unánimemente el pasado año. Dinamarca confirmó un recorte inmediato de la financiación a la Alianza Mundial por la Educación - el único fondo multilateral global dedicado a financiar los sistemas educativos nacionales. Es fundamental que tanto países donantes como países en desarrollo hagan buenas sus promesas; y monitorearlo es una prioridad de la sociedad civil para los próximos meses y años.

Y, aunque el sector privado jugará un papel en ayudar a realizar la agenda de desarrollo sostenible, existe la necesidad de vigilar la creciente privatización y mercantilización de la educación. La educación no es un privilegio: es un derecho humano fundamental y los gobiernos tienen la responsabilidad de suministrarla de forma gratuita.

Comencemos

Por su parte, la ciudadanía debe hacer a sus gobiernos responsables de sus promesas de suministrar una educación gratuita, pública, inclusiva e igualitaria. Un comienzo fuerte es fundamental – y este primer año de la implementación de la agenda, ofrece muchas oportunidades de garantizar que las voces de la ciudadanía son escuchadas.

El dinero puede que no lo sea todo en el sector educativo, pero sin él, la ambición de realizar el derecho de todos a la educación, nunca se alcanzará.

El movimiento CME se movilizará durante la Semana de Acción Mundial por la Educación (SAME) y durante todo 2016, con el objeto de asegurar que los gobiernos: 

  • Se comprometen individualmente y llegan a la acción política para permitir la implementación y la financiación del Marco para la Acción Educación 2030 
  • Llevan a término las actuales promesas financieras bilaterales y multilaterales a la educación 
  • Realizan progresos medibles en el suministro de los mecanismos para garantizar la justicia tributaria a nivel nacional, regional y mundial