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SOBRE NOSOTROS

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En 2015, el mundo se comprometió a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Marco de Acción para la Educación 2030, en los próximos quince años. En lo que respecta a la educación, esto incluye la promesa de "garantizar una educación inclusiva e igualitaria de calidad y promover oportunidades de aprendizaje de por vida para todos y todas", independientemente del contexto personal, social o político.

Sin embargo, dos años más tarde, nos encontramos en una crisis educativa.

  • Entre 2013–16, uno de cada cuatro países dedicó menos de la recomendación mínima internacional del 4% del Producto Interior Bruto (PIB) a la educación, y asignó menos del mínimo recomendado del 15% al gasto público total a la educación.
  • La ayuda a la educación en países de ingresos bajos y medios-bajos debe situarse seis veces por encima del nivel de 2012. Sin embargo, la ayuda total a la educación en 2015 estuvo un 4% por debajo del 2010, a pesar de un incremento general en la ayuda del 24% en el mismo periodo.
  • Los países de bajos ingresos recibieron el 19% del total de la ayuda a la educación y el 2 % de la ayuda a la educación básica en 2015, bajando desde el 21% y el 29% respectivamente, en 2014.
  • A nivel regional, el África sub-sahariana, con más de la mitad de los niños y las niñas del mundo fuera de la escuela, recibió el 26% de ayuda a la educación básica, menos de la mitad del nivel de 2002.
  • La ayuda humanitaria a la educación aumentó en más del 50% en 2016 hasta los 303 millones de dólares, pero la financiación de la educación en emergencias siguió siendo insuficiente, en un 2,7% del total.

A no ser que veamos un cambio radical en la financiación de la educación, las ambiciones de la agenda ODS4/Educación 2030 llevarán un retraso de 50 años respecto al logro de una educación inclusiva y de calidad para todos y todas, para 2030.

Por este motivo, en 2017, con el objeto de reunir los recursos para alcanzar el ODS4, la Campaña Mundial por la Educación ha lanzado una campaña de financiación de la educación – Financiando el futuro: la educación ahora.

La CME llama a la acción para garantizar cambios significativos en la financiación de la educación (mediante incrementos en ayuda y financiación interna) para alcanzar las metas ODS4/Educación 2030. Pedimos a los gobiernos que trabajen más duro para cubrir las grandes brechas financieras de la educación, para abordar el estancamiento de la ayuda a la educación, y la falta de financiación interna de la educación en países de ingresos bajos y medios-bajos.

La campaña “Financiando el futuro: la educación ahora” ha emitido una Llamada a la acción global, que contiene tres componentes principales (o ‘pilares’ de campaña), con objetivos vinculados. Estos tres pilares de campaña pretenden garantizar:

  1. un incremento de los recursos internos;
  2. un incremento de las aportaciones bilaterales y multilaterales; y
  3. una acción global por la reforma y la justicia fiscal.

¿Cuánto dinero se necesita?

Alcanzar la educación universal preescolar, primaria y secundaria, de buena calidad, en países de ingresos bajos y medios-bajos, requeriría un total de 340.000 millones de dólares al año. Esto requerirá que los países de bajos ingresos dediquen el 6,56% del PIB a la educación, lo que aún dejará una carencia de financiación de 39.000 millones de dólares. Los países donantes y la comunidad internacional deben jugar su parte y generar recursos internos adicionales (por ejemplo, haciendo que las empresas paguen su parte justa de impuestos).

Sin embargo, ninguno de estos cálculos incluye el ámbito completo del aprendizaje a lo largo de la vida, con cuyo logro se han comprometido los líderes mundiales. En 2009 el gasto en programas de alfabetización adulta fue de menos del1% del PIB en prácticamente todos los países y mucho menos en algunos países en desarrollo. La UNESCO estima que se necesitan 28.000 millones de dólares para financiar el déficit en el gasto recomendado en programas de educación de personas adultas en países en desarrollo. El coste de eliminar el analfabetismo se estima en 156.000 millones de dólares al año; teniendo en cuenta que 750 millones de personas jóvenes y adultas no son capaces de leer o escribir una simple frase, lo que se calcula que cuesta al mundo 1 billón de dólares al año, este problema no puede ser ignorado.

¿Qué compromisos financieros se han realizado hasta ahora?

El Marco de acción para la Educación 2030 reconoce que las metas no se pueden alcanzar sin elevar la financiación, y que los gobiernos deben invertir al menos entre el 4 y el 6% del PIB, y entre el 15 y el 20% de sus presupuestos, en educación. También destaca que deben movilizarse recursos a nivel nacional, regional y mundial, para garantizar ‘una adecuada financiación de la educación’.

Algunos gobiernos han realizado (y aplicado) compromisos notables con la educación:

  • Costa de Marfil dedica más del 23% de su presupuesto nacional, y casi el 6% del PIB a la educación.
  • Etiopía dedica el 24% de su presupuesto nacional y más del 4% del PIB a la educación.
  • Mozambique dedica más del 20% de su presupuesto nacional y más del 6% del PIB a la educación.
  • Senegal excede en mucho las recomendaciones internacionales, con un 24% del presupuesto y casi un 7% del PIB destinado a la educación.

Sin embargo, todos estos países se enfrentan a retos con niños y niñas fuera de la escuela, que abandonan la educación y una educación de mala calidad, que provoca que los niños y las niñas no aprendan los fundamentos ni siquiera cuando van a la escuela. En última instancia, dedicar grandes cantidades del presupuesto a la educación no lleva a la crisis educativa a su fin, si los presupuestos generales son bajos. Esto lo sufre la niñaez con más intensidad cuando los niveles de gasto en educación son muy bajos; por ejemplo, Pakistán, Nigeria, Georgia, República Centroafricana, Sudán del Sur y Timor Leste dedican menos del 10% de sus presupuestos nacionales a la educación.

Los gobiernos deben encontrar la forma de elevar los ingresos generales y, en la mayoría de casos, asignar una partida mucho mayor a la educación. Esto implicará acercarse a una mayor justicia fiscal, desarrollando sistemas impositivos progresivos, cerrando lagunas fiscales y acabando con la evasión fiscal, por ejemplo. De hecho, los países en desarrollo pierden 160.000 millones de dólares al año en ingresos tributarios debidos por las corporaciones multinacionales, bastante más de lo que reciben en ayuda.

En los países donantes, la ayuda a la educación se ha estancado, a pesar del incremento de los niveles generales de la ayuda. La Alianza Mundial por la Educación (AME), la agencia multilateral de financiación de la educación en países de ingresos bajos y medios-bajos, celebrará su tercera Conferencia de financiación, el 2 de febrero de 2018. Desde 2011, la AME ha dependido en gran medida de las donaciones de un pequeño grupo de países, como Reino Unido, Australia, Países Bajos, Noruega, Suecia, así como la Unión Europea. En 2018, deben unirse más donantes para lograr la meta de la AME de reunir 3.100 millones de dólares durante los próximos tres años.

La ciudadanía debe responsabilizar a sus gobiernos de sus promesas de una educación gratuita, pública, inclusiva, igualitaria y de calidad. El dinero puede que no lo sea todo en el sector educativo, pero sin él, la ambición de alcanzar el derecho de todos y todas a la educación nunca se alcanzará.